Edgar Tenorio
Experto en Medidas no Arancelarias
Socio-Director, CATRADE Consulting Group S.A.
La transformación digital está redefiniendo la manera en que los países regulan el comercio, gestionan la información y se relacionan con los consumidores. En este contexto, el e-labelling o etiquetado electrónico surge como una herramienta estratégica para modernizar los sistemas regulatorios y facilitar el acceso a información de productos de manera más eficiente, dinámica y sostenible.
El concepto de e-labelling consiste en sustituir o complementar las etiquetas físicas tradicionales mediante plataformas digitales accesibles a través de códigos QR, enlaces web, aplicaciones móviles u otras tecnologías. Este modelo puede aplicarse a una amplia variedad de productos como: alimentos, medicamentos, cosméticos, dispositivos médicos, suplementos nutricionales, químicos y equipos electrónicos, entre otros. De manera que la información, ampliada y continuamente actualizada, logra llegar a distintos perfiles de consumidores.
Figura 1. Esquema e-labelling
Diversos estudios internacionales, como el “Global trends in e-labelling: a comprehensive geographical perspective” realizado en 2025 por Frontiers in Medicine, muestran que la mayoría de los países adoptan modelos híbridos (papel + digital), donde el uso de códigos QR es la tecnología predominante y los formatos más comunes son PDF, seguidos por HTML/XML en regiones más avanzadas. La eliminación total del papel ocurre solo en sectores muy específicos. No obstante, el hecho de que una etiqueta física de un producto sea simplificada y oriente al consumidor a un espacio digital con toda la información del producto en los idiomas de cada mercado, tiene un valor agregado relevante en el ámbito del comercio internacional y los consumidores.
Por estas razones, organismos y estándares internacionales relacionados con trazabilidad, interoperabilidad y facilitación del comercio impulsan cada vez más la digitalización de la información comercial y regulatoria.
Más allá de la innovación tecnológica, el e-labelling representa una oportunidad importante para fortalecer la competitividad de los productores latinoamericanos y reducir barreras técnicas al comercio. La posibilidad de centralizar información en múltiples idiomas, actualizar contenidos regulatorios en tiempo real y disminuir la necesidad de re-etiquetado físico facilita considerablemente la comercialización internacional de productos. Todos estos aspectos resultan especialmente relevantes para empresas exportadoras que operan en mercados con requisitos regulatorios distintos y dinámicos.
Desde una perspectiva de sostenibilidad, el etiquetado electrónico también ofrece beneficios significativos. La reducción en el uso de papel, tintas y materiales de impresión contribuye a disminuir residuos y optimizar recursos dentro de las cadenas de suministro. Además, la actualización digital de la información evita pérdidas asociadas a cambios regulatorios, reformulaciones de productos o modificaciones en advertencias sanitarias, eliminando la necesidad de destruir inventarios de etiquetas obsoletas.
Sin embargo, la adopción del e-labelling no está exenta de desafíos. En la región latinoamericana, la variabilidad en los marcos regulatorios dificulta su implementación homogénea, así como algunas brechas digitales existentes. Mientras algunos países cuentan con infraestructura adecuada y usuarios más familiarizados con la tecnología, otros dependen aún de sistemas tradicionales intensivos en el uso del papel y enfrentan limitaciones de conectividad. Según un estudio realizado para el Banco Interamericano de Desarrollo por D’Almeida y Margot, en el 2018, un 56 por ciento de los latinoamericanos y caribeños usan Internet, sin incluir Haití, lo que significa 20 puntos porcentuales más de cobertura que lo observado en el 2006. No obstante, sólo un 46 por ciento de los hogares en la región cuentan con conexión de banda ancha, cifra muy alejada todavía del 86,3 por ciento que presentan los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Para que el e-labelling cumpla su visión transformadora, es fundamental priorizar el marco regulatorio y la inclusión digital para asegurar que todos los sectores de la población puedan acceder y comprender la información suministrada electrónicamente. La adopción exitosa del etiquetado electrónico depende no solo de la tecnología disponible, sino también de la capacidad de los usuarios para interactuar adecuadamente con estas herramientas digitales. Esto requiere invertir en capacitación, mejorar el acceso a dispositivos y redes, y fomentar la alfabetización digital desde edades tempranas y trabajar con todas las empresas.
Además, en un entorno cada vez más conectado, los protocolos de ciberseguridad adquieren una importancia mayor. La protección de los datos y la integridad de la información presentada en las etiquetas digitales debe ser robusta para evitar fraudes o manipulaciones y, de esta forma, generar confianza en los consumidores y reguladores.
En este contexto, la implementación del e-labelling se debe desarrollar mediante esquemas graduales e inclusivos. Los modelos híbridos, que combinan información esencial impresa con acceso digital ampliado, representan actualmente la alternativa más viable para muchos países. Este enfoque permite avanzar hacia la digitalización sin comprometer el derecho de los consumidores a acceder a información clara, suficiente y accesible.
Figura 2. Ventajas de e-labelling
En conclusión, el e-labelling ofrece una oportunidad única para modernizar el acceso a la información de los productos en los países latinoamericanos, al promover un comercio más eficiente, sostenible, ágil y mejorar la experiencia de los consumidores. Lograr su adopción exitosa dependerá de un abordaje integral que combine una regulación adecuada, la inclusión digital y el acompañamiento a los usuarios durante la transición. De esta forma, Latinoamérica podrá capitalizar al máximo los beneficios de esta innovación tecnológica y dar un salto cualitativo y estratégico hacia una región más integrada, competitiva y preparada para los desafíos del comercio digital global, integrando esquemas que simplifican las exigencias regulatorias y facilitan el comercio internacional.
